(Este post lo tengo pendiente desde hace más de una semana; la máquina no para, ni en verano)

El sábado pasado, antes de que el sol comenzara a arreciar, mojé un poco la tierra y saqué las zanahorias que planté a fines de agosto (tímido comienzo de primavera).
Me extrañó ver tantas hormigas en el suelo. No sé a qué se habrá debido, pero sospecho que tiene que ver con que las zanahorias ya estaban listas y son dulces. Desde que las coseché ya no he visto más hormigas.
Salieron unos dos kilos de zanahorias. Algunas grandes, otras chicas, algunas con forma normal, otras medio mutantes, factor que se podría atribuir a que la tierra contenía no pocas piedras (que no saqué porque no me dieron ganas, nomás, creyendo que a mí no se me iban a deformar los cultivos por su culpa) o quizás a que las semillas estaban muy próximas entre sí. Quizás también a que la huerta recibe mucha luz y calor, lo que hace que la tierra se seque rápidamente.

Eso en cuanto a la apariencia. En cuanto a la calidad de la cosecha, salió todo perfecto: ninguna plaga, peste, gusano o mosca; buena coloración, sabor insuperable, textura y consistencia maravillosas. Los niños las pescaban sin siquiera pelarlas (ya habían sido cuidadosamente lavadas) y se las comían a mordiscos. Hice un queque de zanahorias que obtuvo muy buenas críticas y también guisos que, contrario a lo que yo esperaba, fueron consumidos con prontitud y sin mañas.
El sábado pasado, antes de que el sol comenzara a arreciar, mojé un poco la tierra y saqué las zanahorias que planté a fines de agosto (tímido comienzo de primavera).
Me extrañó ver tantas hormigas en el suelo. No sé a qué se habrá debido, pero sospecho que tiene que ver con que las zanahorias ya estaban listas y son dulces. Desde que las coseché ya no he visto más hormigas.
Salieron unos dos kilos de zanahorias. Algunas grandes, otras chicas, algunas con forma normal, otras medio mutantes, factor que se podría atribuir a que la tierra contenía no pocas piedras (que no saqué porque no me dieron ganas, nomás, creyendo que a mí no se me iban a deformar los cultivos por su culpa) o quizás a que las semillas estaban muy próximas entre sí. Quizás también a que la huerta recibe mucha luz y calor, lo que hace que la tierra se seque rápidamente.
Eso en cuanto a la apariencia. En cuanto a la calidad de la cosecha, salió todo perfecto: ninguna plaga, peste, gusano o mosca; buena coloración, sabor insuperable, textura y consistencia maravillosas. Los niños las pescaban sin siquiera pelarlas (ya habían sido cuidadosamente lavadas) y se las comían a mordiscos. Hice un queque de zanahorias que obtuvo muy buenas críticas y también guisos que, contrario a lo que yo esperaba, fueron consumidos con prontitud y sin mañas.
3 comentarios:
Felicitaciones Flo. Qué orgullo!!
Topísimo!!! Bravo!!
Flo!!! El queque que comimos en tu casa, fue hecho con ESTAS zanahorias??? Qué fantástico, con razón estaba tan ricoooo! :)
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