Carísimo

27 de octubre de 2010

Hoy me siento bastante descorazonada.
Estuve "aclarando" los cultivos de zanahoria y cebolla (que van de lo más bien, por suerte) y me di cuenta de que estoy perdiendo, por haber dejado caer las semillas muy cerca unas de otras, más de la mitad de lo que planté. Me dolió el corazón mientras sacaba los brotes excesivos porque, habrán estado apretados, pero por Dios que estaban lindos.
Mi idea no era necesariamente ahorrar un dineral por tener esta pequeña huerta experimental, pero tampoco esperaba matar más de la mitad de las plantitas. A pesar de que cada sobre de semillas me costó sólo $ 1.000.- (casi dos dólares norteamericanos), para mí siempre es un costo botar algo que en potencia servía.
Ahora voy entendiendo, entonces, que los almácigos son un mal necesario. Con ellos se optimiza muchísimo más la siembra cuando es a pequeña escala. Si los hubiera utilizado, quizás igual habría sembrado demasiadas semillas (porque habría optado por sembrar más que menos en mi acostumbrado pesimismo), pero entre nos, les habría encontrado un pedacito de tierra donde seguir creciendo. Aunque fuera al lado de las rosas y hortensias.
Tengo que recordarme que esto es un aprendizaje. Antes de reservar un pedacito de jardín para plantar hortalizas no sabía nada de huertas, siembras, germinaciones, riegos y tantos otros temas con los que me he encontrado y que he plasmado en este blog. Obviamente que en el camino tenía que haber costos, ya fuera del tipo que hoy cuento o por pagarle a alguien que supiera para que me asesorara. Pero igual me duele. Puedo sonar tonta, pero me siento triste. Ni siquiera quise fotografiar los despojos, que a mis ojos eran simplemente demasiados.
Al menos no todo es pérdida. El absurdo espantapájaros que instalé ha funcionado a las mil maravillas. Prueba de ello es este especimen, que estaba delicioso (supe, porque no me lo comí yo):


Y tiene buen tamaño.
Las lechugas también van viento en popa.


Mis almácigos de tomate van como "demasiado" bien: sólo puse 6 semillas y resulta que tengo 10 brotes. El misterio.

3 comentarios:

AleMamá dijo...

Echando a perder se aprende

M dijo...

sabes que cuando me vaya a Noruega tengo pensado tener un invernadero y estoy leyendo atentamente tus avances. Así es como se aprende, no te sientas triste (aunque me quedé pensando por qué no se podían "trasplantar"?). Hoy comí frutillas! pero estaba súper ácidas, no se veían ni la mitad de ricas que la tuya! y esas lechugas con limón hmmm se me hace agua la boca! Que lindos los colores!

Ánimo! para la próxima ya sabes (y yo también!)

Flo dijo...

M: Yo también quiero tener un invernadero! Claro que el mío consiste en poner un par de planchas de poliestireno (o algún plástico parecido, es que no me sé el nombre) a modo de pared y techo, porque acá no hace tanto frío como en Noruega...
Me cuentas, pleeeeeease

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